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PRESENTACIÓN POR D. RAMÓN GOMEZ RAVASSA                                                                                                      

 

 Excmas. e Ilmas. Autoridades, Querido Director Espiritual, Hermano Mayor de la Pontificia y Real Congregación del Stmo. Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y Ntra. Sra. de la Soledad, Ilustrísimos Académicos, Señoras y señores, queridos congregantes.

  Tengo un problema. Intentar presentar a Vicente Gómez Navas ante esta audiencia, plagada de académicos, artistas y familiares, es tarea baladí, a más de inútil.

Cualquiera de vosotros, sólo por el contacto y por el nivel sociocultural en que os movéis, podría hacerlo mil veces mejor que yo. Explicar los méritos académicos de quien forma parte de vuestra misma organización, de vuestro elevado entorno intelectual, me parece cuanto menos, una osadía. Pero perdonadme que a pesar de todo ello insista en hacerlo por los congregantes aquí presentes, que necesariamente deberán conocer a nuestro invitado, cuando menos para poder saber la importancia de la persona y el mérito de la donación que nos ocupa.

Disculpad, pues, mi atrevimiento al dirigiros estas palabras, originado de una parte por disciplina cofrade ante el deseo de nuestro hermano mayor de que fuera yo quien os presentara a nuestro artista, y por otra, que es muy difícil negarse ante el la admiración, el cariño y la devoción que profeso a un familiar tan cercano como hermano muy querido de mi padre.

 En nuestra familia, las relaciones son profundas, equilibradas, sinceras y perdurables. Y el conocimiento de esta circunstancia, a lo mejor es la última razón por la que el hermano mayor me ha hecho el encargo. Cualquiera sabe. El caso es que aquí estoy, y a presentar a Vicente Gómez Navas, voy.

Nace en Málaga en 1931, en una casa en el Boquete del Muelle que conocí de niño como una enorme sucesión de habitaciones a cual mejor acondicionada. Vistas al mar desde una envidiable atalaya, una terraza con una cristalera que llamábamos "el tranvía", y que recuerdo como zona de juego privilegiada, siempre vigilado por aquella santa y cariñosa señora, madrina compartida con nuestro artista, viuda del pintor José García Nogales, a quien por edad no pude conocer, pero de cuya influencia existían indicios en el exquisito gusto de alguna de las paredes, así como del buen hacer durante toda su vida de mi abuelo, su padre.

Su infancia la desarrolla bajo la sombra de los padres agustinos, recibiendo, además clases de dibujo y composición del pintor Luis Berrobianco.

Su vocación y amor a la mar, horizonte siempre observado y deseado, le traslada a Cádiz, donde estudia Marino Mercante en la Escuela Náutica.

La dificultad de enrolarse como agregado por las escasas oportunidades existentes, le hace viajar en busca de destino a diferentes ciudades españolas y europeas. Navega en buques de diferentes banderas, casi siempre en rutas imprevistas. Siempre decía que los armadores cogían un globo terráqueo, y tras hacerlo girar con los ojos cerrados, señalaban un punto cualquiera, marcando con ello el destino de la próxima singladura. Sea cual fuere el sistema empleado por los propietarios, el caso es que nos contaba que casi nunca repetían viajes, lo que le hizo conocer prácticamente todo el mundo, grabando en sus retinas los diferentes mares y circunstancias de ellos. Decide tomar tierra de forma definitiva, formando una familia con su prometida de años, mi querida tía Emilia, y tras una experiencia enriquecedora en el mundo de la fotografía, ahí quedan sus investigaciones y experimentos sobre los colores puros blancos y negros, con bellísimos resultados siendo precursor de lo que después se llamó la fotografía industrial con fines publicitarios y con recuerdos familiares en retratos irrepetibles por su calidad y sensibilidad, le sorprende una circunstancia de enfermedad que le obliga a un reposo prolongado. y renace su destino no desarrollado. En la tranquilidad obligada da salida a sus recuerdos reproduciendo los inmensos paisajes marinos, y en el ejercicio del reposo, decide dar rienda a su vitalidad haciendo sus primeros intentos de recordar aquellas clases de pintura, recibidas en su infancia.

Y llega felizmente el año de 1.973. Con mimo, con mucha prudencia y con una timidez pudorosa al dar a conocer su obra, inaugura su primera exposición. Balbuceos en temas clásicos… y sus primeras marinas. Cuadros con traíñas, tornos desvencijados… y su mar pastosa. Cariñosamente califiqué así el tema casi general de la exposición con ese nombre. La bruma de levante con la mar calma, ese que se ven a menudo en nuestras playas en las calinas de agosto. Las bordó.

levanto mi voz para reclamar de nuestras instituciones demuestren su sensibilidad y permitan que sigan unidas, a poder ser, en una sala importante de ese Museo que si Dios quiere y los avatares políticos no vuelven a estropearlo, alguna vez podremos visitar y disfrutar.

Y tampoco se para ahí. Sigue investigando, y su vocación nacida en la Acera de la Marina, frente a nuestra dársena, junto a su enorme capacidad de trabajo, aprovecha el primer centenario de la terminación del puerto de Málaga, en 1997 y da a luz quizás la mejor colección de cuadros y documentos que exista de la historia de un puerto, cubriendo el vacío existente desde la primera década del siglo XX, que lo pintaron los pintores marinistas del XIX, hasta su reciente final. El puerto visto de todos los ángulos y maneras. De todas las épocas y condiciones. Verdaderamente, una joya para Málaga y para sus afortunados poseedores.

Más de cincuenta exposiciones. Cuatro libros bellísimos sobre la mar, con estudios sobre la naturaleza marítima, la forma y consecuencias de las olas, forma y maneras de navegar. Estudio gráfico e histórico de nuestro puerto, Cientos y cientos de documentos consecuencias de diversas facetas de su investigación, etc. etc., es un bagaje riquísimo, que hoy aquí, por la iniciativa de nuestro hermano mayor, y por la generosidad de nuestro artista, vemos resumido en este cuadro que ahora vais a conocer. Corresponde al autor explicarlo, y a nosotros, solamente agradecerlo y admirarlo.

Su pintura sobre temas marítimos realizada con toque impresionista continúa la Escuela marinista malagueña iniciada por Ocón y olvidada unos decenios atrás con la desaparición de los pintores del Diecinueve, con los que entronca con Nogales en su niñez y con Berrobianco como alumno en su juventud.

Su trayectoria está recogida en el Diccionario de Pintores y Escultores Españoles del Siglo XX, estando considerado, según Antonio Cobos, Decano de la Asociación Española de Críticos de Arte, entre los más destacados marinistas españoles de la actualidad.

Termino. Pero no quiero acabar estas palabras, sin decir algo de Vicente Gómez Navas, persona.

De aquél que me enseñó a querer y respetar la mar, desde mi infancia, buceando, pescando, estudiándola. Que me hizo partícipe de sus investigaciones fotográficas. Que me explicó la ciencia matemática en mis años de bachillerato, haciéndome atractiva la trigonometría y entendibles los complicados determinantes.

Nunca exigente, pero siempre dispuesto. Respetando a la gente con la categoría del gran señor que es. Y así, andando despacito, ha encontrado el equilibrio con una familia que va a juego con él. Buenas gentes, clan familiar, y en sus ratos libres, demostrando que también son artistas.

Casa acogedora, con aroma de cultura, ambiente acogedor, despacho museo y estudio donde difícilmente caben él y el cuadro que está pintando, pero atalaya de ilusiones y trabajos reconfortantes.

Con su loro, mijita golfo. Con su perrazo que era más listo que muchas personas, y con los gatos a los que admira, Vicente Gómez Navas, desde su terraza que domina la torrentera de ese río que da carácter a la barriada de El Palo, el Jaboneros, con el monte de San Antón al fondo y desde su ventana que sigue oteando los horizontes marinos, ha llegado a la madurez espiritual, familiar y profesional.

Su incesante actividad la reparte entre sus lienzos, la Academia de Ciencias y la añorada Junta de Desguace, romántica asociación de profesionales de la mar.

No sé, querido Vicente, si ya has llegado a plasmar en un lienzo las proporciones del segmento aúreo que tanto admiras. Concepto matemático que justifica la perfección. Pero sí que puedo asegurarte que para todos nosotros, y para la Málaga que te conoce y admira, has llegado en tu vida a plasmar en tu persona y en tu entorno, la Divina Proporción que es la deseable armonía que tú siempre has buscado en tu obra.

Con todos vosotros, el Ilustrísimo Señor D. Vicente Gómez Navas, Académico Decano de la Malagueña de Ciencias. Marino Mercante y pintor marinista. Mi tío Vicente.

Muchas gracias.

 

 

INTRODUCCIÓN A LA ENTREGA DEL ÓLEO  Y ACLARACIÓN DE SU PROBABLE MANIOBRA, POR SU AUTOR, D. VICENTE GÓMEZ NAVAS

Hermano Mayor, Excmo.Sr.,Querido Cayetano. Jefes y Oficiales de la Armada. Excma e Ilmas.Autoridades. Querido compañeros del Círculo Marítimo, Capitanes, Jefes de Máquinas y Oficiales de la Mª Mte. que conforman  nuestra  entrañable Junta de Desguace. Sras y Sres. Amigos todos: me siento feliz por contar con vuestra presencia y desafortunado por la natural ausencia de mis compañeros de las Academias de Ciencias y Bellas Artes que a esta misma hora se encuentran en el acto solemne de la toma de posesión de la nueva Junta de Gobierno  de la Real de Bellas Artes de San Telmo con su nuevo Presidente al frente, el Excmo. Sr. D. Manuel del Campo  del Campo.Al no poder estar con ellos, reciban desde aquí mi mas calurosa felicitación acompañado de un abrazo.

 

No soy hombre de discursos, por ello no seré muy extenso, intentaré no cansarles aunque creo necesario hacer una glosa del cuadro y explicar lo que me ha conducido a recrear este episodio y la pauta que he seguido.

Aunque Uds. Lo conocen, me permito recordarles lo que pasó:

En el año 1756 a una fragata de la Armada española, le sorprendió un fuerte temporal frente a la playa de la Misericordia, estando a punto de naufragar. A través de la espuma que el viento levantaba, lograron divisar la espadaña de una iglesia y se encomendaron a la Virgen que allí se venerase. Milagrosamente pudieron salvarse y se dirigieron a la Iglesia divisada La que hoy nos acoge,  postrándose a los pies de Nuestra Señora de la Soledad. Pidieron una misa de Acción de Gracias, no pudiendo serle concedida por ser Sábado Santo. La solicitaron al Papa Benedicto XIV unidos al Obispo, los cofrades y dominicos concediéndoles lo que desde entonces se denominó “Misa de Privilegio”  cambiada posteriormente en el Concilio Vaticano por un acto de veneración a la Virgen llamado “Celebración de la Soledad de María” juntamente con la presencia inestimable de la Armada Española, vinculada desde el prodigioso salvamento estrecha y permanentemente a la Cofradía

  En este año que se cumple el 250 aniversario, Cayetano me pidió que recrease en un óleo aquel angustioso momento. Acepté con gran ilusión el encargo por las perspectivas que ello me brindaba de investigar sobre la nave, situar el lugar del  acaecimiento y plasmar una arriesgada maniobra de arribada, pasos que explicaré lo más brevemente posible.

  Primero plantearé a la nave como una incógnita :

  Hay quien argumente que fue la fragata de la Armada española “Juno”.

Este navío se hundió frente a las costas de Virginia en 1802 con  algo más de 400 españoles entre tripulación y pasajeros, tras haber partido del puerto de Veracruz con una fabulosa fortuna en sus bodegas. 22 toneladas  en 700.000 pesos de plata, convirtiéndose en un barco mítico, puesto que ya había intervenido en la batalla de Trafalgar y en la expedición contra Argel en 1783, luego no es de extrañar que también se le quisiese atribuir el episodio de la costa malagueña.

El nombre de Juno saltó a los periódicos  en 1999 cuando un buscador de tesoros norteamericano rescató de aquella zona un peso de plata con la efigie de Carlos IV, atribuyéndosele al cargamento de la nave en cuestión. Un juez de Virginia sentenció  que el `pecio, de aparecer, pertenecía a España por un tratado firmado en 1763. Por este motivo hubo un gran movimiento diplomático y una serie de intervenciones jurídicas por lo que esta noticia y sus consecuencias,-aunque existen dudas que transportarse ese tesoro- unido al hecho de ser el primer pecio que había conseguido que tomase parte el gobierno español, alcanzó  un nivel más alto en su leyenda.

Es de suponer que la nave que originó esta historia llevaba unos cuantos años navegando. Seamos parcos y pongámosle diez. Es decir que podía haberse construido allá por los años 40 del siglo XVIII, hasta el 1802 que naufragó transcurrieron más de 60 años; demasiados para una nave de aquella época que había intervenido en varias batallas y construida, suponemos con madera española, que la broma de aguas americananas la perforaba como barrenas.

 

. Pero a mi juicio, fuese o no La Juno, carece de importancia. El prodigioso milagro fue una realidad y fue  una fragata de la Armada Española  la que se salvó. Para situarla donde se encuentra en el óleo, desde la mar tomé algunas demoras a edificios reconocibles es decir: ángulo norte-edificio, principalmente la torre de  correos, y repetí desde nos encontramos la misma operación con estos edificios, para verificar posteriormente estos ángulos en las cartas actuales y planos de la época. Naturalmente todo tenia que ser aproximado. La configuración de la costa había variado notablemente El Fuerte de San Lorenzo plasmado en el óleo se encontraba cerca del final de la actual Alameda principal, pocos años antes casi a la orilla del mar y ya unos metros de arena delante, producto de los aluviones por las crecidas del Guadalmedina, y este convento separado de las aguas  por muy pocas construcciones. Por ello, para hallar la posición de donde debería encontrarse había que cotejar las cartas de la época con las actuales y añadirle lógica e imaginación, pudiendo haber sido consecuencia de las siguientes situaciones:

 

     1 .- Que estuviese fondeada y le sorprendiese el temporal, -que tenía que ser lógicamente de

            levante, ya que si hubiese sido poniente, no habría tenido dificultad en abocar el puerto-.

Este caso es improbable, pues aunque hubiese estado a palo seco, le hubiera dado tiempo a desplegar velas a los primeros indicios de viento, aunque 144 años después, otra fragata, con hélice y casco de hierro, la Gneissenau, a menor distancia del puerto –aunque en peor posición-y también con un fuerte temporal de levante, no pudo evitar la tragedia. Puedo decir, en un corto paréntesis, que en la historia de este naufragio siempre se ha relatado que no dio tiempo que las calderas tuviesen la presión suficiente para maniobrar; sin embargo en un periódico editado en Alemania en 1990 aniversario de  la tragedia, y que publiqué en mi libro “Antología del Mar” relata las manifestaciones de un maquinista confesando que en la sala de máquinas no se interpretaron bien las órdenes del puente, y no se dio la máxima presión.

 

     2 .- Que navegase con viento de popa, duro pero favorable.

Este parece mas probable, ya que podría haberse pasado del punto de giro por el viento y empopada que la dominaba

 

     3 .-  Que viniese de poniente con viento y mar de levante.

Como el anterior punto, parece probable, pudiendo que el mismo estado del tiempo al ir endureciéndose por momento, la situase donde ilustra el óleo.

 

Estando ya donde la he situado en el cuadro, el Capitán podía decidir entre dirigirse hacia el SW, con fuerte viento favorable, pero con la perspectiva de no encontrar abrigo en una larga distancia, corriendo el riesgo que padecía en ese instante: que la mar le fuese llevando a tierra, varar y naufragar, o bien arrumbarse al N, hacia el puerto que se encontraba  a la misma distancia que las playas que tenía casi al W, pero teniendo que superar la difícil y arriesgadísima maniobra de virar hasta poner proa al la ancha bocana y recorrer el corto trecho con fuerte marejada por estribor con el inminente peligro señalado de ser arrastrado hacia las aguas someras de la zona y naufragar, por lo que tendría que ir dando cortas bordadas con tola rapidez que le permitiera las duras maniobras de aparejos y braceo, sometida siempre a la dificultad de navegar de ceñida con velas poco apropiadas para ello.

  Se decidió por esto último.

  Cuando ocurre un siniestro marítimo: abordaje, encallar, naufragio u otra desgracia, los medios de difusión dan la noticia y todo el mundo opina sin conocer ni ver la altura y dirección de las olas. Sin sentir las ráfagas del viento ni apreciar su velocidad, sin calibrar la falta de visibilidad

a veces total, y hasta hace 40 o 50 años la situación exacta en lugares de bajíos o de navegación peligrosa. Opina el periodista y el labrador que allá Castilla cuida su huerta. Nosotros en nuestra reunión los jueves, también lo hacemos. Como profesionales que hemos sido debería haber unanimidad, pero no, hay divergencias, y en este intercambio de opiniones, se oye la voz de uno que termina con la discusión. Para poder opinar y comprender lo que decidió el Capitán habría que haber estado allí.

La decisión de un Capitán tiene que ser tan rápida como la del Comandante de una aeronave, aunque la maniobra comparativamente sea lentísima, pero ya tomada, no hay vuelta atrás. Más de un Capitán, compañero de los que hoy están aquí, habrán tenido que vivir situaciones o maniobras que no admitían un segundo de demora..

Al Capitán de la fragata le salió bien lo que decidió, fuese similar o distinto a lo expuesto. Pero si la fragata se hubiese perdido con sus hombres ¿Podríamos culparlo?

 

Y finalmente, una brevísima glosa del cuadro:

 

En la pintura, las velas  -unas aferradas y otras en facha- se han orientado para que al incidir el viento en ellas, haga que la popa caiga a babor, fundamentalmente ayudada por la latina (que unos lustros después la sustituirían por cangreja) apreciándose claramente como la popa debe de girar en dirección al viento y a la vez tomar arrancada, misión del foque, única vela desplegada a proa.

El golpe de mar que recibe el buque en su aleta de estribor en ese momento, escorándolo fuertemente y haciéndole caer la popa más a sotavento, creo que le da mayor realismo al giro de la fragata para enfilar el Puerto. Lo cierto es que fuera cual fuese la maniobra, repito, indudablemente arriesgadísima, la nave pudo llegar al resguardo que le ofrecía el espigón de levante, dirigiéndose toda la tripulación, nada más desembarcar, a postrarse a los pies de la Virgen a la que se habían encomendado en la Iglesia cuya torre  habían vislumbrado a través de la espuma, viento y humedades propias de los temporales de levante en Málaga.

La orientación de las velas en ese instante están dominadas por las fuertes rachas y maniobras de braceo.

Dada la situación límite en que se encontraba, debería estar en un lugar donde la profundidad fuese de pocos metros, y como se asegura, frente a las playas próximas a la desembocadura del Guadalmedina, para que este milagroso salvamento se produjese como aseguran las crónicas.

Muchas gracias

 

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GOMEZ NAVAS | vgomeznavas@hotmail.com